Juan 1-7


 
Juan 1
 
  1   En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
  2   Éste era en el principio con Dios.
  3   Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
  4   En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
  5   Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.
  6   Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.
  7   Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la Luz, para que todos creyesen por él.
  8   No era él la Luz, sino para que diese testimonio de la Luz.
  9   Aquél era la Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.
  10   En el mundo estaba, y el mundo por Él fue hecho, pero el mundo no le conoció.
  11   A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
  12   Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
  13   Los cuales son engendrados, no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
  14   Y el Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros ( y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre ), lleno de gracia y de verdad.
  15   Juan dio testimonio de Él, y clamó diciendo: Éste es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí; porque era primero que yo.
  16   Y de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.
  17   Porque la ley por Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.
  18   A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer.
  19   Y éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas, a preguntarle: ¿Tú, quién eres?
  20   Y confesó, y no negó; sino confesó: Yo no soy el Cristo.
  21   Y le preguntaron: ¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías? Y dijo: No soy. ¿Eres tú el Profeta? Y él respondió: No.
  22   Entonces le dijeron: ¿Quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
  23   El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
  24   Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.
  25   Y preguntándole, le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el Profeta?
  26   Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo en agua, mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis.
  27   Él es el que viniendo después de mí, es antes de mí; del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.
  28   Estas cosas acontecieron en Betábara, al otro lado del Jordán donde Juan estaba bautizando.
  29   El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
  30   Éste es Aquél de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí; porque era primero que yo.
  31   Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando en agua.
  32   Y Juan dio testimonio, diciendo: Vi al Espíritu descender del cielo como paloma, y reposar sobre Él;
  33   y yo no le conocía; mas el que me envió a bautizar en agua, Éste me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que permanece sobre Él, Éste es el que bautiza con el Espíritu Santo.
  34   Y yo le vi, y he dado testimonio de que Éste es el Hijo de Dios.
  35   El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.
  36   Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.
  37   Y los dos discípulos le oyeron hablar, y siguieron a Jesús.
  38   Entonces volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí ( que se dice, si lo interpretares; Maestro ), ¿dónde moras?
  39   Él les dijo: Venid y ved. Vinieron y vieron dónde moraba; y se quedaron con Él aquel día, porque era como la hora décima.
  40   Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y le habían seguido.
  41   Éste halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías ( que si lo interpretares es, el Cristo ).
  42   Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas ( que quiere decir piedra ).
  43   El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme.
  44   Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.
  45   Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a Aquél de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesús de Nazaret, el hijo de José.
  46   Y Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo bueno? Felipe le dijo: Ven y ve.
  47   Jesús viendo que Natanael venía hacia Él, dijo de él: He aquí un verdadero israelita en el cual no hay engaño.
  48   Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.
  49   Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios: Tú eres el Rey de Israel.
  50   Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que éstas verás.
  51   Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios subiendo y descendiendo sobre el Hijo del Hombre.

 
Juan 2
 
  1   Y al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.
  2   Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos.
  3   Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino.
  4   Jesús le dijo: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora.
  5   Su madre dijo a los siervos: Haced todo lo que Él os dijere.
  6   Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme a la purificación de los judíos, y en cada una cabían dos o tres cántaros.
  7   Jesús les dijo: Llenad de agua estas tinajas. Y las llenaron hasta arriba.
  8   Y les dijo: Sacad ahora, y llevadla al maestresala. Y se la llevaron.
  9   Y cuando el maestresala probó el agua hecha vino, y no sabía de dónde era ( mas lo sabían los siervos que habían sacado el agua ), el maestresala llama al esposo,
  10   y le dice: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el que es inferior, pero tú has guardado el buen vino hasta ahora.
  11   Este principio de milagros hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en Él.
  12   Después de esto descendió a Capernaúm, Él, y su madre, y sus hermanos y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.
  13   Y estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén.
  14   Y halló en el templo a los que vendían bueyes y ovejas y palomas, y a los cambistas sentados.
  15   Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y derramó el dinero de los cambistas, y trastornó las mesas;
  16   y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre una casa de mercado.
  17   Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consumió.
  18   Y respondieron los judíos y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?
  19   Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
  20   Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú lo levantarás en tres días?
  21   Pero Él hablaba del templo de su cuerpo.
  22   Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que les había dicho esto; y creyeron la Escritura, y la palabra que Jesús había dicho.
  23   Y estando en Jerusalén, en la pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo los milagros que hacía.
  24   Mas Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque Él conocía a todos.
  25   Y no tenía necesidad de que alguien le diese testimonio del hombre, porque Él sabía lo que había en el hombre.

 
Juan 3
 
  1   Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los judíos.
  2   Éste vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer los milagros que tú haces, si no está Dios con él.
  3   Respondió Jesús, y le dijo: De cierto, de cierto te digo: El que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.
  4   Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿Puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
  5   Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.
  6   Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
  7   No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez.
  8   El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido, mas no sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
  9   Respondió Nicodemo, y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
  10   Respondió Jesús, y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?
  11   De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto testificamos, y no recibís nuestro testimonio.
  12   Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
  13   Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo.
  14   Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado;
  15   para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
  16   Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
  17   Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él.
  18   El que en Él cree, no es condenado, pero el que no cree, ya es condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
  19   Y ésta es la condenación; que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
  20   Porque todo el que hace lo malo aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprobadas.
  21   Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.
  22   Después de estas cosas, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea; y estuvo allí con ellos, y bautizaba.
  23   Y bautizaba también Juan en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados.
  24   Porque Juan no había sido aún puesto en la cárcel.
  25   Entonces hubo una discusión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación.
  26   Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, he aquí Él bautiza, y todos vienen a Él.
  27   Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.
  28   Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de Él.
  29   El que tiene la esposa, es el esposo, mas el amigo del esposo, que está en pie y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo. Así pues, este mi gozo es cumplido.
  30   Es necesario que Él crezca, y que yo mengüe.
  31   El que viene de arriba, sobre todos es; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, sobre todos es.
  32   Y lo que ha visto y oído, esto testifica; y nadie recibe su testimonio.
  33   El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.
  34   Porque el que Dios envió habla las palabras de Dios, pues Dios no le da el Espíritu por medida.
  35   El Padre ama al Hijo y todas las cosas ha dado en su mano.
  36   El que cree en el Hijo tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.

 
Juan 4
 
  1   Y cuando el Señor entendió que los fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan
  2   ( aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos ),
  3   dejó Judea, y se fue otra vez a Galilea.
  4   Y le era necesario pasar por Samaria.
  5   Vino, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José;
  6   y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo; y era como la hora sexta.
  7   Y vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber
  8   ( Pues los discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer ).
  9   Entonces la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos.
  10   Jesús respondió y le dijo: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías a Él, y Él te daría agua viva.
  11   La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
  12   ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, el cual nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y su ganado?
  13   Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed,
  14   mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; mas el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
  15   La mujer le dice: Señor, dame esa agua, para que yo no tenga sed, ni venga acá a sacarla.
  16   Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.
  17   Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;
  18   porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
  19   La mujer le dijo: Señor, me parece que tú eres profeta.
  20   Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde debemos adorar.
  21   Jesús le dijo: Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.
  22   Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.
  23   Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
  24   Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren.
  25   La mujer le dice: Sé que el Mesías ha de venir, el cual es llamado el Cristo: Cuando Él venga, nos declarará todas las cosas.
  26   Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.
  27   Y en esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con la mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? O: ¿Qué hablas con ella?
  28   Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:
  29   Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿No será Éste el Cristo?
  30   Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a Él.
  31   Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.
  32   Mas Él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
  33   Entonces los discípulos se decían el uno al otro: ¿Le habrá traído alguien de comer?
  34   Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
  35   ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que venga la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.
  36   Y el que siega, recibe salario, y recoge fruto para vida eterna; para que el que siembra como el que siega, juntos se regocijen.
  37   Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.
  38   Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis, otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
  39   Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por la palabra de la mujer, que testificaba diciendo: Me ha dicho todo lo que he hecho.
  40   Entonces, cuando los samaritanos vinieron a Él, le rogaron que se quedase allí; y se quedó allí dos días.
  41   Y creyeron muchos más por la palabra de Él.
  42   Y decían a la mujer: Ahora creemos, no sólo por tu dicho; sino porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que verdaderamente Éste es el Cristo, el Salvador del mundo.
  43   Y dos días después, salió de allí y se fue a Galilea.
  44   Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.
  45   Y cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que Él hizo en Jerusalén en el día de la fiesta; porque también ellos habían ido a la fiesta.
  46   Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaúm un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
  47   Éste, cuando oyó que Jesús venía de Judea a Galilea, vino a Él, y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, porque estaba a punto de morir.
  48   Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios no creeréis.
  49   El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
  50   Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue.
  51   Y cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron las nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
  52   Entonces les preguntó a qué hora había comenzado a mejorar. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre.
  53   Entonces el padre entendió que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él, y toda su casa.
  54   Éste además es el segundo milagro que Jesús hizo, cuando vino de Judea a Galilea.

 
Juan 5
 
  1   Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén.
  2   Y hay en Jerusalén, a la puerta de las Ovejas, un estanque, que en hebreo es llamado Betesda, el cual tiene cinco pórticos.
  3   En éstos yacía gran multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que esperaban el movimiento del agua.
  4   Porque un ángel descendía a cierto tiempo al estanque y revolvía el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, era sanado de cualquier enfermedad que tuviese.
  5   Y estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.
  6   Cuando Jesús le vio postrado, y entendió que hacía mucho tiempo que estaba enfermo, le dijo: ¿Quieres ser sano?
  7   Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque cuando el agua es revuelta; pues entre tanto que yo vengo, otro desciende antes que yo.
  8   Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho y anda.
  9   Y al instante aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, y anduvo. Y era sábado aquel día.
  10   Entonces los judíos decían a aquel que había sido sanado: Sábado es; no te es lícito llevar tu lecho.
  11   Él les respondió: El que me sanó, Él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.
  12   Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?
  13   Y el que había sido sanado no sabía quién fuese; porque Jesús se había apartado de la multitud que estaba en aquel lugar.
  14   Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: He aquí has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.
  15   El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado.
  16   Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en sábado.
  17   Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.
  18   Por esto, más procuraban los judíos matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que también decía que Dios era su Padre, haciéndose igual a Dios.
  19   Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que Él hace, esto también hace el Hijo igualmente.
  20   Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que Él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de manera que vosotros os maravilléis.
  21   Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida; así también el Hijo a los que quiere da vida.
  22   Porque el Padre a nadie juzga, mas todo juicio dio al Hijo;
  23   para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.
  24   De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.
  25   De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren vivirán.
  26   Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo;
  27   y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.
  28   No os maravilléis de esto; porque viene la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;
  29   y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; y los que hicieron mal, a resurrección de condenación.
  30   No puedo yo hacer nada de mí mismo; como oigo, juzgo; y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del Padre que me envió.
  31   Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
  32   Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero.
  33   Vosotros enviasteis a Juan, y él dio testimonio de la verdad.
  34   Pero yo no recibo el testimonio de hombre; mas esto digo, para que vosotros seáis salvos.
  35   Él era antorcha que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz.
  36   Mas yo tengo mayor testimonio que Juan; porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me ha enviado.
  37   Y el Padre mismo que me envió da testimonio de mí. Vosotros nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer,
  38   y no tenéis su palabra morando en vosotros; porque al que Él envió, a Éste vosotros no creéis.
  39   Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.
  40   Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.
  41   Gloria de los hombres no recibo.
  42   Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.
  43   Yo he venido en el nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ése recibiréis.
  44   ¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene sólo de Dios?
  45   No penséis que yo os acusaré delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros confiáis.
  46   Porque si hubieseis creído a Moisés, me creeríais a mí; porque de mí escribió él.
  47   Y si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?

 
Juan 6
 
  1   Después de estas cosas, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, que es de Tiberias.
  2   Y le seguía gran multitud, porque veían sus milagros que hacía en los enfermos.
  3   Y subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos.
  4   Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
  5   Cuando Jesús alzó sus ojos, y vio una gran multitud que había venido a Él, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?
  6   Pero esto decía para probarle; porque Él sabía lo que había de hacer.
  7   Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no les bastarían para que cada uno de ellos tome un poco.
  8   Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo:
  9   Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; pero ¿qué es esto entre tantos?
  10   Entonces Jesús dijo: Haced recostar los hombres. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron un número como de cinco mil varones.
  11   Y Jesús tomando los panes, habiendo dado gracias, los repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados; y asimismo de los peces, cuanto querían.
  12   Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, para que no se pierda nada.
  13   Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
  14   Entonces aquellos hombres, cuando vieron el milagro que Jesús hizo, dijeron: Verdaderamente Éste es el Profeta que había de venir al mundo.
  15   Y percibiendo Jesús que habían de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió a retirarse al monte Él solo.
  16   Y al anochecer, descendieron sus discípulos al mar;
  17   y entrando en una barca, se fueron al otro lado del mar hacia Capernaúm. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.
  18   Y se levantó el mar por un gran viento que soplaba.
  19   Y cuando hubieron remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo.
  20   Mas Él les dijo: Yo soy, no temáis.
  21   Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca; y luego la barca llegó a la tierra adonde iban.
  22   El día siguiente, cuando la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había otra barca sino aquella en la que habían entrado sus discípulos, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en la barca, sino que sus discípulos se habían ido solos.
  23   ( Aunque otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. )
  24   Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, ellos también entraron en unas barcas y vinieron a Capernaúm, buscando a Jesús.
  25   Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?
  26   Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo: Me buscáis, no porque visteis los milagros, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.
  27   Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a Éste señaló Dios el Padre.
  28   Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?
  29   Respondió Jesús y les dijo: Ésta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado.
  30   Entonces le dijeron: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
  31   Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.
  32   Entonces Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.
  33   Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.
  34   Entonces le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
  35   Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
  36   Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
  37   Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, yo no le echo fuera.
  38   Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
  39   Y ésta es la voluntad del Padre que me envió: Que de todo lo que me ha dado, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.
  40   Y ésta es la voluntad del que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en Él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
  41   Y murmuraban de Él los judíos, porque dijo: Yo soy el pan que descendió del cielo.
  42   Y decían: ¿No es Éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice Éste: Yo he descendido del cielo?
  43   Entonces respondiendo Jesús, les dijo: No murmuréis entre vosotros.
  44   Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
  45   Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó, y aprendió del Padre, viene a mí.
  46   No que alguno haya visto al Padre, sino el que vino de Dios, Éste ha visto al Padre.
  47   De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna.
  48   Yo soy el pan de vida.
  49   Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y están muertos.
  50   Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.
  51   Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
  52   Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede Éste darnos a comer su carne?
  53   Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
  54   El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.
  55   Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
  56   El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.
  57   Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así el que me come, él también vivirá por mí.
  58   Éste es el pan que descendió del cielo: No como vuestros padres que comieron el maná, y murieron; el que come de este pan vivirá eternamente.
  59   Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaúm.
  60   Entonces muchos de sus discípulos al oírlo, dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?
  61   Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza?
  62   ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?
  63   El Espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.
  64   Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que creían, y quién le había de entregar.
  65   Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado de mi Padre.
  66   Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él.
  67   Entonces Jesús dijo a los doce: ¿Queréis iros vosotros también?
  68   Y Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.
  69   Y nosotros creemos, y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.
  70   Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?
  71   Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.

 
Juan 7
 
  1   Y después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle.
  2   Y estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos.
  3   Entonces sus hermanos le dijeron: Pásate de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces.
  4   Porque ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo.
  5   Porque ni aun sus hermanos creían en Él.
  6   Entonces Jesús les dijo: Mi tiempo aún no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto.
  7   No puede el mundo aborreceros a vosotros, mas a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas.
  8   Subid vosotros a esta fiesta; yo no subo todavía a esta fiesta, porque mi tiempo aún no es cumplido.
  9   Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galilea.
  10   Mas cuando sus hermanos hubieron subido, entonces Él también subió a la fiesta, no abiertamente, sino como en secreto.
  11   Y le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está Aquél?
  12   Y había gran murmuración acerca de Él entre el pueblo; porque unos decían: Es bueno; y otros decían: No, sino que engaña al pueblo.
  13   Mas ninguno hablaba abiertamente de Él, por miedo de los judíos.
  14   Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba.
  15   Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe Éste letras, no habiendo aprendido?
  16   Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de Aquél que me envió.
  17   Si alguno quiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina, si es de Dios, o si yo hablo de mí mismo.
  18   El que habla de sí mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, Éste es verdadero, y no hay injusticia en Él.
  19   ¿No os dio Moisés la ley; y ninguno de vosotros guarda la ley? ¿Por qué procuráis matarme?
  20   Respondió el pueblo, y dijo: Demonio tienes; ¿quién procura matarte?
  21   Respondió Jesús y les dijo: Una obra hice, y todos os maravilláis.
  22   Por eso Moisés os dio la circuncisión ( no porque sea de Moisés, sino de los padres ); y en sábado circuncidáis al hombre.
  23   Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojáis conmigo porque en sábado sané completamente a un hombre?
  24   No juzguéis según la apariencia, mas juzgad justo juicio.
  25   Decían entonces unos de los de Jerusalén: ¿No es Éste al que buscan para matarle?
  26   Mas he aquí, habla públicamente y no le dicen nada: ¿Habrán en verdad reconocido los príncipes que verdaderamente Éste es el Cristo?
  27   Mas Éste, sabemos de dónde es; mas cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de dónde sea.
  28   Entonces Jesús, enseñando en el templo, alzó la voz y dijo: Vosotros me conocéis, y sabéis de dónde soy; y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros no conocéis.
  29   Pero yo le conozco, porque de Él soy, y Él me envió.
  30   Entonces procuraban prenderle; mas ninguno puso mano sobre Él, porque aún no había llegado su hora.
  31   Y muchos del pueblo creyeron en Él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más milagros que los que Éste ha hecho?
  32   Los fariseos oyeron al pueblo que murmuraba de Él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles que le prendiesen.
  33   Entonces Jesús les dijo: Aún un poco de tiempo estoy con vosotros, y luego voy al que me envió.
  34   Me buscaréis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir.
  35   Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir Éste que no le hallemos? ¿Se irá a los dispersos entre los griegos, y enseñará a los griegos?
  36   ¿Qué palabra es ésta que dijo: Me buscaréis, y no me hallaréis; y a donde yo estaré, vosotros no podréis venir?
  37   Mas en el postrer y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó su voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.
  38   El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.
  39   ( Esto dijo del Espíritu Santo que habían de recibir los que creyesen en Él; porque el Espíritu Santo aún no había sido dado; porque Jesús no había sido aún glorificado. )
  40   Entonces muchos del pueblo, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente Éste es el Profeta.
  41   Otros decían: Éste es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?
  42   ¿No dice la Escritura que de la simiente de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?
  43   Así que había disensión entre el pueblo a causa de Él.
  44   Y algunos de ellos querían prenderle; pero ninguno le echó mano.
  45   Y los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis?
  46   Los alguaciles respondieron: ¡Jamás ha hablado hombre como este hombre!
  47   Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados?
  48   ¿Acaso ha creído en Él alguno de los príncipes, o de los fariseos?
  49   Pero esta gente que no sabe la ley, maldita es.
  50   Les dijo Nicodemo ( el que vino a Él de noche, el cual era uno de ellos ):
  51   ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre, antes de oírle, y entender lo que hace?
  52   Respondieron y le dijeron: ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.
  53   Y cada uno se fue a su casa.

Retorno